LA "BARBI"
!Oooh..! Sólo eso salió de mi boca cuando cruzó sus piernas como
yo veía hacer a mis hermanas. "Como sólo se sienta una señorita",
diría mi madrina. Era una catira entaconada, imposible de olvidar.
Entonces mire mi propio pecho y me pareció insignificante ese regalo
que me dio mi mamá. Con casi cinco años, sentí que me recorría el
gusanito perverso de la envidia.
- !Prestámela!
Pero la mirada saltona de Graciela se agrandó aún más:
-!NOOOOOOO!
Y bastó un manotazo suyo para que aquella mujer de fantasía quedara
fuera de mi alcance. Un cornetazo la hizo empezar a correr, pero se
volteó para relampaguear triunfante: "Me la trajo mi papá. Es-una-Bar-bi..."
Llegué de pésimo humor a casa. La muñequita pecosa,encerrada en el
medallón que me obsequiaron, carecía de todo interés para mi. Confieso
que ningún Bebé Querido despertaba mi instinto maternal. Mi pony y los
dinosaurios me aburrían y ni siquiera Carlota, del mismo tamaño que
yo, podía competir con esa silueta estilizada, "tan igualita" a mis
veneradas aeromozas. La Barbi se convirtió en mi obsesión a partir de
ese instante, pero nadie entendía mi urgencia:
"¿¿Otro jugueteeee??? !!Te acabo de comprar lo que pediste!! !!Que
muchacha tan neciaaaaa!!
Mi madre estallaba en el colmo de la indignación. Defendía su estricto
presupuesto familiar de estos ojos ansiosos, del mismo color de los
suyos. De mi padre no podía esperar mayor solidaridad. Estaba por
encima de "esos detalles" y se los dejaba a ella. De cuando en cuando
papá sí nos sorprendía con minúsculos paracaidistas, que sólo podían
lanzarse una vez. Lo suyo era traernos grandes panes dulces, que al
cortarse derramaban jalea de guayaba. Eran mi delirio por las tardes,
sentada frente al televisor y viendo El Zorro, mientras besaba los
empalagosos trazos rojos en mi plato.
Finalmente fue una de mis hermanas, repostera improvisada, quien se
compadeció y decidió donarme las ganancias obtenidas por sus
tortas caseras. Pero lo mantuvo en secreto mientras yo debía sufrir a
Graciela, jugando con su muñeca sin dejarme tocarla. Sin embargo,
una semana después un paquete me esperaba encima de la cama. Y una
gran sonrisa también.
No era mi cumpleaños ni Navidad, pero allí estaba esa caja adornada, a
la que mecí con emoción. Y rasgué el papel hasta encontrar esa
figura envidiable, con sus tacones y un tul rosado de ensueño... !ERA
ELLA!...Con esos mechones de dorado infinito...!Era mi primera
Barbi!
Fue un antes y un después en mi corta vida. Mi identificación con Barbi era total. Mi ideal femenino: hermosa, moderna, exitosa. Así quería crecer yo... !Y tenía novio y todo!..El próximo paso era comprarle su Ken, para tener a la pareja del bronceado perfecto. Pronto me daría cuenta de que las apariencias sí engañan.
Por esos tiempos era yo una pequeña metiche, interviniendo sin cesar
en las conversaciones, lo que provocaba risas a las
visitas y ponía en guardia a mi mamá, muy apegada a aquello de "cuando
los grandes hablan, los chiquitos se callan". Así fue como me enteré
que a las mujeres que se afeitaban les salían "cañones" y entonces no
podía sacar la vista de las piernas de mis hermanas, buscando -en versión
diminuta- esas piezas de artilleria que yo conocía por las películas.
La otra cosa que me intrigaba era lo que ellas llamaban "la regla",
pero cuando preguntaba que era eso, me decían que me faltaba edad para
saber. Sin embargo, aún sin comprender todo lo que oía, me apasionaba
sentarme a conversar con las adolescentes que venían a vernos. A
ellas les mostré muy orgullosa mi nueva muñeca, que "!Miraaa...!".
Doblaba sus rodillas y sus largas extremidades provocaban admiración.
Entonces querían saber si Barbi era mi preferida y yo decía "Ufff" y
abría los brazos como si fuera a abrazar al mundo.
Si las visitantes eran muy jóvenes, mi madre me eximía de una
presentación formal. Pero cuando venían los mayores... !ZAS! Ella no
podía contenerse y buscaba a "la zurrapa". Y no sólo me bañaban otra
vez, sino que me ponían los zapatos Pepito y me peinaban lindo, con
lacitos. Lo peor era que me pedía que bailara "Zorba, el griego", su disco
favorito. Aunque en ocasiones cambiaba la música y mis hermanas me
acompañaban con el "pata-pata", que cantaba una negrita.
Mi fastidio era enorme cuando yo estaba jugando con mi Barbi y me
interrumpían, pues nosotras
teníamos una vida mas emocionante que la de mi mamá. Las dos erámos
solteras y no teníamos "una muchachera" que cuidar, ni cara de
cansadas. Así
que crecía fijándome en ella, sin preocuparnos por la limpieza, por la
cocina, por el dinero
ni por pedir
permiso a mi papá. Mi madre era bonita, pero nunca tenía plata ni se
pintaba los ojos. Y yo quería ser como Barbi, siempre joven, bella,
maquillada. Y
trabajar como "Chica del Show de Renny" o ser aeromoza
en Viasa. No me gustaba ser una "señora".. y quedarme encerrada. Tampoco quería
muchachitos peleones y ansiaba poder salir a cualquier hora, aunque
estuviera lloviendo.
Al novio Ken lo conseguí poquito después. Me lo pasó una primita, que
me dijo que
lo tenía "repetio". Lamentablemente, el pobre había sufrido un
accidente doméstico. Y para que la cabeza se mantuviera en su lugar,
debieron vendarsela con tirro, por lo que parecía un eterno
convaleciente. Gracias a mi empeño, antes del año tenía otras dos
Barbis nuevas, conformando así mi cuarteto de gente glamorosa,que me
hacian sentir como "una grande".
Con mis muñecos iba por
los patios, escondiéndolos entre las matas, recreando así sus aventuras
en la selva. Conforme pasaba el tiempo, las historias se iban
complicando, pues yo
era cada vez más exigente a la hora de jugar. Ya con seis años, sentía
que la niñita había quedado atrás y que mis
Barbis reflejaban esa "madurez" en la que tanto creía. Uno de mis
problemas era que tenía tres mujeres y un solo varón, así que
matrimonios y divorcios se sucedían con velocidad pasmosa.
Como ellas eran artistas, para sus presentaciones les había armado un
escenario de ánime y pana roja, con destellos verdosos, salidos de los
guirindajos navideños que tomé de una caja. Allí se desarrollaba la
agitada vida nocturna de estas rubias despampanantes, en las que yo
proyectaba todos mis sueños faranduleros
Pero comprar los accesorios originales de mis protegidas era
impensable sin la generosa colaboración de mis parientes. Así que, a
falta de patrocinantes, me las ingeniaba para inventarles trajes
"de gala" con el papel aluminio que sacaba de la cocina. Y
reciclaba perolitos de las piñatas para crear sombreros imposibles.
Todo mi esfuerzo para mantenerlas a la moda, mientras mis hermanas se
burlaban, llamándolas "cabareteras". Y como yo no sabía que era eso, no
les hacía caso.
Finalmente, entrando ya Diciembre, pedí ayuda a mi madrina para
redactar la carta a San Nicolás. Ella, con toda seriedad, fue
escribiendo de corrido y yo, lenta y cuidadosamente, puse mi nombre.
Entonces, hoja en mano, me fui a buscar a mi mamá, quien era la
encargada de la correspondencia. Como siempre,ella estaba ocupada y
tuve que esperar unos minutos para captar su atención.
Cuando por fin se dió vuelta, se inclinó y acarició distraida mi
cabeza, mientras leía con curiosidad. Aún me parece verla susurrando
línea por línea, cada vez con más asombro: "una piscina de Barbi, el
carro de Barbi, la ropa de Barbi, la casa de Barbi...¨ Y fue justo
allí cuando alzó la voz y pronunció la primera grosería que le escuché:
"!CARAJOOO! ESTA TIPA VIVE MEJOR QUE YO..."
Patricia Rincón